Dedicado a todos los profesionales, en especial a Bárbara Molina.

Antes que nada, quiero contar mi historia. Soy instructora de buceo UTD y directora de la escuela en Rivemar Cabo de Palos y paso más tiempo en el agua que en superficie. Un día me empezó a costar a compensar, entonces he ido al médico de cabecera para que me mirase el oído. Me dijo que tenía un tapón de cera y me recetó unas gotas de agua oxigenada y unas gotas de antibiótico para quitar la inflamación. Al cabo de 2 semanas seguía en la misma situación y he vuelto a ver al médico. El tapón seguía ahí por lo que me mandó a la enfermería para que me quitasen el tapón. La enfermera me ha echado agua a presión al oído y al principio todo parecía haber ido bien. Media hora después de salir de la enfermería empecé a tener un dolor agudo y constante en el oído izquierdo que solo subía de intensidad con el paso de tiempo. He llamado a mi centro de salud donde me han dicho que están liados y me han mandado a otro centro de salud a las urgencias. ¡He ido enseguida y el médico de urgencias después de ver mi oído y consultarlo con otro médico ha sacado el diagnóstico – tímpano perforado!

“¿Qué es un tímpano perforado para un buceador? Es como un pianista sin manos, un futbolista sin piernas…”

Para mí el buceo no es sólo buceo. No es sólo mi trabajo. Es mi estilo de vida, mi filosofía, mi vida, mi futuro. Al oír esta sentencia el mundo se me cayó encima. Puede parecer exagerado y patético, pero una perforación del tímpano puede conllevar muchas consecuencias negativas e impredecibles. Llorando llamo a Fran que es el director del centro, llorando, diciendo que mañana empiezo un curso y tengo otros 3 hasta el final de mes… Él intenta tranquilizarme, y después de un consejo de varios amigos llamo a Bárbara Molina, que es médico hiperbárico especialista en otorrinolaringología, buena clienta de Rivemar, y me dice que vaya a verla. Al día siguiente hago esos 456 kilómetros hasta Madrid, hasta el hospital donde trabaja. Por el camino, del cúmulo de nervios y del estrés que llevo me surge una contractura en la espalda (el mismo día concreto una cita con mi fisio y le costó casi 2 horas quitármela), llego y estoy en la sala de espera del hospital con mente en blanco pensando en los próximos meses… En fin, consultorio de Barbara, lleno de chismes y aparatos, me hace una timpanometría, una ecografía del oído y no sé que cosas más y su veredicto es que ¡no es una perforación del tímpano! Es una herida en el conducto provocada por la limpieza agresiva, pero no se trata del tímpano. No sabía cómo agradecerla de la noticia que me ha dado. No sabía cómo agradecerle la profesionalidad con la que me ha tratado. Un informe detallado, unas gotas para curar la herida y una semana sin bucear. Mi viaje de vuelta con música a tope, 2 horas con fisioterapeuta y después una cerveza con los amigos, con nuestro equipo amarillo que en todo momento me ha apoyado. En ese momento de la historia quiero dar las gracias a todas las personas que se han preocupado por mí, que aquel día parecía mi cumpleaños de tantas llamadas y mensajes.

A lo que voy… A partir de ese momento, tengo claro, si tengo cualquier problema con la salud relacionado con el buceo – no me importa el dinero ni el tiempo que voy a invertir a ver a un profesional. Y lo importante es que esto debería de ser una regla. Independientemente del gremio de la persona. Y menos cuando se trata de la salud.

La profesionalidad hay que buscarla, pero al encontrarla jamás te arrepentirás. ¿A nadie le gustaría que la electricidad o la tubería en su casa la hiciera un chapucero? Tampoco llamamos a un electricista para que nos arregle el tejado. ¡Pues lo mismo pasa con los médicos y con todo en nuestra vida!

 

¿Por qué dejamos algunas cosas de lado, por qué pensamos que para unos trabajos necesitamos a un profesional, pero para otros cualquiera vale?

¡Eso mismo – la cuestión eterna de los foros de buceo de todo el mundo! ¡El instructor perfecto! No tiene que ser perfecto, tiene que ser profesional. Y la profesionalidad se ve tanto en la técnica suya propia de buceo, como en el trato, en el equipo que lleva, en las exploraciones o viajes de buceo que hace…

He aprendido una buena lección… Y doy todas las gracias del mundo mundial, del universo universal y de la nueva alineación a los profesionales de todos los gremios, que han invertido sus vidas en sus trabajos, y en especial a Bárbara Molina, por existir esa gente en la que podemos confiar nuestra salud.

 

Yo he hecho mis 456 kilómetros hasta encontrar la profesionalidad, ¿estás dispuesto tú a invertir tu tiempo y esfuerzo en encontrar la tuya? Es una pregunta que nos deberíamos hacer todos.

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